La Princesa de Albacora
14 Julio 2009
La Princesa de Albacora era muy pecosa, porque cada peca suya era una estrella en el cielo. Tan pecosa era, que los videntes del reino podían leer la suerte en su rostro y no se movía una piedra sin consultar sus mejillas. Cuando se ponía roja se hacía verano y la piel se ponía morena por efecto del sol y cuando lloraba se hacía invierno y los aldeanos debían quedarse en las casas comiendo nueces o almendras.
Un buen día, el hijo del supremo vidente acompañó a su padre a la corte y al ver a la Princesa su corazón estalló de jubilo y ella al verlo a él se sonrrojó tanto que ese día se quemó un viejo roble de los jardínes del castillo, producto del excesivo calor. Al enterarse de aquel amor a primera vista, el Rey hizo desterrar al vidente y a su hijo, porque el amor de la Princesa estaba reservado para alguien de mayor estirpe.
La princesita al enterarse no paraba de llorar y el reino se cubrió de las más crudas tempestades. Las semanas transcurrían y su pena no pasaba. El chamberlán y los jefes de las aldeas se congregaron en la plaza para protestar contra el Rey, porque las cosechas se estaban echando a perder rápidamente y ya no había comida ni para los soldados. El Rey envió a la guardia real y hubo una sangrienta lucha, mientras continuaba lloviendo y un alúd amenazaba con barrer las aldeas.
La contienda se hizo aún más cruenta y los aldeanos llegaron a la ciudad en un tropel tan enorme que los guardias famélicos por el hambre ya no pudieron detenerlos. Al llegar a la sala del trono, el Rey ya no tuvo más remedio que proclamar el retorno del supremo vidente y su hijo.
La misma Princesa fue en su búsqueda por los mares vecinos junto a una escolta de hombres fornidos y conocedores de los terrenos circundantes. La barca más veloz del reino fue dispuesta para tales efectos, que además se movía con prestancia debido a que los marinos no necesitaban brújula ya que podían ver las estrellas en el pecoso rostro de la princesa y no tardaron mucho en dar con el paradero del velero del vidente. Pero para desgracia de todo el reino, el vidente y su hijo yacían muertos, ahogados por el bravo mar que creció y creció durante las tormentas.
Dicen que cuando la princesa cayó muerta por la herida de amor, el cielo se vino encima con todas sus estrellas y el reino de Albacora quedó enterrado para siempre.
Fin De La Razón
11 Julio 2009
Llegaste a la frontera de mi temperamento y te devolviste, más allá había un mar de delirios, un mar de locura que no te atreviste a atravesar. ¿Cómo podría considerarme a mi mismo cuando en el futuro cruces el oscuro umbral? Quizá será conveniente huir hacia la soledad impertérrita, lanzado como una bala de cañón a velocidad de escape, antes de que mi alma se colapse y los pensamientos no puedan contener su abominable atracción.
Los Cítricos
30 Junio 2009
Cuando el pasto crezca y te eches perezosamente sobre las viejas briznas, correré hacia el sol de la tarde sin prisa y nos reiremos de nuestras almas, antes de la muerte.
Cuanto
20 Junio 2009
Alondra Garrido necesitó más tiempo para odiarme, pero no se lo concedí, en cambio me puse el impermeable aunque no estaba lloviendo y salí por la puerta de la casa en dirección al noroeste en un viaje infinito. Alondra seguía exigiendo tiempo a mi regreso, porque cuando volví, aún ni siquiera me había ido.
En el espacio en que el odio existía Alondra aún no había nacido. Observando las múltiples posibilidades de su vida concluí que todo estaba destinado a ser tal cual estaba sucediendo, para siempre.